lunes, 8 de marzo de 2010

sábado, 20 de febrero de 2010

Castillos hechos de arena. Traducción Abraham Galarza Cid

Castillos hechos de arena
Castles made of sand
(Jimi Hendrix)


Por la calle puedes oír el grito “eres una vergüenza”
Mientras ella azota la puerta contra su cara de borracho
Ahora ha sido echado afuera
Y todos los vecinos comienzan morbosamente a chismear
Llorando él grita “Nena te has vuelto loca”
“¿Que ha pasado con el dulce amor que nos teníamos?”
Se derrumba contra la puerta, haciendo una escena
Y sus lágrimas caen e incendian el verde jardín

Y así los castillos de arena caen al mar, cotidianamente

Un pequeño y valiente indio, antes de que cumpliera los diez
Jugaba a la guerra en los bosques con sus amigos indios
Mientras construía un sueño, para cuando creciera
Él sería el valiente guerrero jefe de la tribu
Muchas lunas, cada vez más, su sueño fue madurando hasta
Que la próxima mañana cantaría su primera canción guerrera
Y peleara su primera batalla
Pero algo salió mal, fue asesinado en un ataque sorpresa
Por la noche mientras él dormía

Y así los castillos de arena se funden con el mar, cotidianamente

Había una vez una chica, cuyo corazón estaba doblegado
Porque había quedado invalida de por vida
Y no lograba pronunciar un sonido
Así que suplicaba en sus rezos por dejar de vivir
Y así un día decidió morir
Ella condujo su silla de ruedas a la orilla del precipicio
Y le dijo sonriendo a sus piernas “Ya no me podrán herir más”
Y entonces puso una mirada que nunca había hecho, diciendo al saltar:
“¡Miren, una dorada nave con alas me conduce a mi destino!”

Y efectivamente ya no se detuvo, ella aun continua avanzando...

Y así los castillos de arena duermen dentro del mar... cotidianamente

The Jimi Hendrix Experience: Axis: Bold as Love (1967)

Sobre los significados colectivos. Abraham Galarza Cid

Es muy grato encontrarse un libro con el cual se tienen muchas afinidades, pues su lectura nos proporciona aclaraciones a nuestras dudas intelectuales, aunque hacen aparecer nuevas interrogantes. Entre las afinidades está la idea entender y hacer de la psicología social una disciplina que tiene por tema de estudio la vida cotidiana, y el esfuerzo por clarificarnos este universo ambiguo desde el paradigma construccionista, lo que implica a su vez, un intento de hacer de la psicología social una transdiciplina. La tercera coincidencia es considerar que la clave de la comprensión de la vida cotidiana está en el estudio de los significados. Finalmente, una cuarta feliz coincidencia, es su corazón epistemológico anticientificista y antiobjetivista.

Quizás habría que comenzar por decir algunos pequeños desacuerdos, entre otros, que el título del texto es redundante: Los significados o son colectivos, o no lo son, aunque para afirmarlo con total contundencia hay que hacer las respectivas reflexiones teóricas para clarificarnos esos procesos. Ya Ludwig Wittgenstein daba cuenta de la imposibilidad de un lenguaje privado, y por ende de un significado privado, tal como aparece en las reflexiones del filósofo francés René Descartes, pues si algo caracteriza al lenguaje es su carácter público, pues nadie inventa un lenguaje que no siga reglas, es decir, no es posible un lenguaje con significados privados, con reglas de enunciación y producción que un solo individuo entendiera y aplicara. Tal situación sólo lo llevaría al solipsismo, la incomunicación y la locura.

Luz María Javiedes, en su estupendo artículo La Realidad Formalizada, expone los aspectos esenciales de los principales paradigmas en ciencia sociales hoy vigentes, en un texto pequeño, lo que denota una enorme capacidad reflexiva; en éste da cuenta de la importancia del debate acerca de “la realidad”, pues apelar a la idea de afianzamiento en la auténtica realidad, origina la creencia en la legitimidad de una versión uniforme del mundo y la experiencia humana. No obstante, a partir de la lectura de su artículo tengo la impresión de que la fenomenología es un paradigma de ciencia social a mitad de camino entre el construccionismo y la idea de realidad objetiva. Ante mi desacuerdo ante esta sugerencia, no puedo evitar mencionar al fenomenólogo más radical, y a la vez el más consecuente con el proyecto de la fenomenología, me refiero a Maurice Merleau-Ponty, En el Prologo de su obra La Fenomenología de la Percepción, considera que la fenomenología es un intento de describir nuestro contacto ingenuo con el mundo, previo a toda consideración científica o reflexiva. Esto implica romper con la actitud natural, es decir, la idea de que nuestro mundo está ahí, como lo dado, sin sospechar de la complicidad de nuestras estructuras de percepción en la conformación de ese horizonte.

A Merleu-Ponty hay que considéralo, también, como interlocutor de las temáticas abordadas por Pablo Fernández Christlieb en sus dos trabajos que aparecen en el libro: El Lenguaje: versión callada, e Introducción y notas a una psicología perdida, en los cuales, considero, se trata el tema de la existencia de significados no-lingüísticos o simbólicos, arraigados en el sentimiento, y construidos a partir de lo inefable. Por su parte, el proyecto radical de la fenomenología de Merleau-Ponty sitúa la génesis de los significados en nuestra vida “pre-ligüística”. Cuando estamos ocupados con nuestras acciones, realizamos el sentido del mundo sin llevar este sentido a la conciencia, o mente, es decir, es un sentido pre-lingüístico. (Cuando llevo la taza de café a mi boca, realizo el significado de la taza y el café, por ejemplo)

Este sentido pre-lingüístico tiene arraigo corporal en el sentir. El cuerpo no es, ese objeto analítico de los científicos, compuestos de un ensamble de tejidos, huesos y reacciones químico-eléctricas, sino la carne viva que esta-ahí, abriéndonos la dimensión del mundo, con ese poder que es la percepción, antes que lo habiten el lenguaje y el pensamiento.

Finalmente, me gustaría cerrar mi intervención con un par de preguntas con relación al artículo de Marco Antonio González Pérez, en el que expone la historia de la formación de la teoría de las representaciones sociales, sus antecedentes, sus principales representantes, sus tesis esenciales, así como las críticas que se han hecho a tal teoría. Mis preguntas son las siguientes: 1ª, ¿No sigue siendo la religión una de las principales fuentes de las que se alimenta el sentido común, mientras que las categorizaciones de origen científico fluyen de manera escasa hacia el seno de la sociedad? Es decir, quiero señalar el carácter controvertido de la tesis, según la cual “el sentido común es el conocimiento científico hecho común” (Pág. 135) En lo personal, cada semana me llegan correos electrónicos de personas, muchas de éstas con estudios universitarios, que consideran que si no reenvió ciertos mensajes de un tono religioso, emocional y hasta cursi, me va a ocurrir una serie de calamidades, que si fueran ciertas, ya estaría yo desde hace mucho tiempo en los apretadísimos infiernos.

2ª ¿Hasta qué punto la Teoría de las Representaciones Sociales puede ubicarse en el paradigma construccionista de ciencia social? Mi pregunta obedece a que, en la tradición filosófica, la categoría representación tiene una fuerte carga dualista: por un lado la realidad y por otro lado el conocimiento de ésta, su representación; Tiene, además, una fuerte carga de epistemología objetivista: El término representación es de origen escolástico, y alude a la idea del conocer como “similitud” entre un conocimiento frente a su objeto. Así, para Santo Tomás “Representar algo significa contener la similitud de la cosa”, según el diccionario filosófico de Nicola Abbagnano, significados con la misma connotación se hallan en Occam, Descartes, Wolf y de ahí pasa a Kant, para el cual, las representaciones son esquemas mentales públicos (Dartstellung). Comprendo que la teoría de las representaciones sociales alude a categorías sociales de pensamiento, que dotan al sentido común con capacidad de categorizar su experiencia, de guías para la acción, así como creencias, valores y actitudes, que dan origen a una experiencia con significado común para individuos pertenecientes a una misma comunidad, pero ¿Por qué llamarlas representaciones, cuando, quizás, podrían llamarse, con más elegancia, Teoría de los paradigmas del sentido común en la vida cotidiana? Me gustaría poder hacer más señalamientos a otros artículos del libro, para invitar a nuestros estudiantes a leerlo, pero para no abusar del tiempo del público y de la mesa, me limito a lo que he expuesto hasta el momento.
Por último, quiero felicitar por su esfuerzo a todas las personas que trabajaron para que este libro fuera posible, al Dr. Marco Antonio González Pérez, y al Maestro en Psicología Social Jorge Mendoza García, y, por supuesto, a la editorial del Tecnológico de Monterrey Campus Estado de México

Tlaxcala, Tlaxcala a 14 de Noviembre de 2002
GONZÁLEZ PÉREZ, M. / MENDOZA GARCÍA J. (compiladores) (2001) Significados Colectivos. Proceso y Reflexiones, México: Tecnológico de Monterrey

Presentación de Psic. Soc. Revista Internacional de Psicología Social, Volumen 1. Abraham Galarza Cid

En 1988 Gustav Yahoda cuestionó el potencial de la teoría de las representaciones sociales para dar cuenta, de forma completa, de las relaciones entre representaciones sociales y cultura, también le reprochaba su ambigüedad en la definición de la categoría de representación social, así como el uso de métodos de investigación suaves, proponiendo, además, que el enfoque de la cognición social tiene una estructura más claramente definida que el de representación social.

La clave del argumento de Yahoda parece ser el cuestionamiento de la tesis, según la cual, el pensamiento de los individuos estaría moldeado por las representaciones colectivas, basándose más en un sustrato cultural que las orienta, pero no lo determina, es decir, su enfoque le presta mayor atención a los procesos de cognición internos, así como el papel de la cultura en la organización del conocimiento(Yahoda, 1988), parte de la polémica se suscita debido a que Moscovici ha señalado que el pensamiento se orienta por las representaciones sociales y por la cultura, lo cual implica establecer una diferencia entre estas dos categorías.

Por su parte Moscovici contesta a estas objeciones. De entrada la diferencia de las representaciones colectivas, en el sentido de Durkheim, y con las cuales Yahoda lo identifica, pues, por un lado, las representaciones colectivas son concebidas, según Moscovici, como uniformes, estáticas, preestablecidas e impuestas coercitivamente sobre los individuos pasivos. Mientras que su idea de representación social, le deben más a Lévy-Bruhl, y la concibe como un proceso creativo, en el cual sus portadores participan en su construcción, siendo en parte, inertes, lo que permite arraigarse en el sentido común, y por otro lado, las considera en una dinámica constante, producto de las interacciones humanas, lo que implica que no son actos individuales, ni se imponen coercitivamente. Considera, además, que las representaciones sociales tienen una racionalidad propia, que no es la racionalidad técnico-científica de la reflexión individual. Invito al auditorio a ir directamente al texto, para adentrarse, hasta donde sea posible, en los pormenores de esta discusión.

Por mi parte considero, que tanto las representaciones sociales, como la cognitiva de Yahoda pertenecen a diferentes culturas, en las cuales, los conceptos de racionalidad, ciencia, método, etcétera, no tienen el mismo significado, Moscovici mismo señala una argumento similar al final de su artículo. No obstante, habría que señalar un detalle que se me hace escandaloso en el contexto de esta discusión: Moscovici no cita bibliografía alguna de Gustav Jahoda; considero, además, que los editores de Psic Soc bien pudieron publicar el texto de Jahoda, pues al leerlo da la impresión de que Moscovici está exorcizando a un fantasma, el de las corrientes cognitivas americanas, ancladas en su añeja idea de que el cerebro, generador de la cultura, funciona como una computadora, una idea que ha sido abandonado desde hace más de tres décadas con los trabajos de los científicos cognitivos experiencialistas, como Maturana, Varela, Lakoff, entre otros.

¿Son las culturas mónadas o están abiertas a la comprensión de lo otro? Por mi parte considero que la sociedad es anterior a la cultura, pues no todas las sociedades crean cultura, por ejemplo, las sociedades animales, siendo la sociedad una condición para cultura; no obstante, una vez que la cultura comienza a desarrollarse, la sociedad humana tiene como una de las condiciones que la generan, la existencia de la cultura, pues se han generado nuevas formas de experienciar que son impensables sin cultura. Considero que para llegar a un acuerdo para establecer cómo se relaciona sociedad, cultura, cogniciones y representaciones, debemos hacer, tanto a la cultura como a la sociedad dos preguntas: ¿De dónde vienes? ¿Qué eres?, Preguntas que apelan a la colaboración transdiciplinaria, más que la creación de feudos académicos en guerra permanente.

Un ejemplo de esto es el artículo de Luz María Martínez, Margot Pujal, y Agnés Vayreda, el discurso de la ciencia, en el cual, a partir de “usar el análisis del discurso como una herramienta”, según sus propias palabras, hacen un estudio psicosocial de la ciencia, lo cual es de por sí muy loable, no obstante, se equivocan al señalar que es al final de los años 70’s que se hacen los primeros estudios sociales de la ciencia, teniendo en mente las obras de Thomas Samuel Kuhn, John Ziman, Paul Feyerabend, Imre Lakatos, así como a las corrientes marxistas que desde hace varias décadas emprendieron trabajos bajo esa perspectiva.

Además habría que señalar otros puntos polémicos, el primero es el carácter instrumental del lenguaje con el que abordan su investigación, pues consideramos que el análisis del discurso parte del supuesto del carácter textual de nuestra experiencia, siendo los discursos la condición de posibilidad de tener una experiencia; el carácter instrumental del lenguaje hace pensar en una situación en que podamos abandonar esa condición y experienciar el mundo en una forma no discursiva, y ser, al mismo tiempo, coherente, racional y capaces de comunicarnos.

El otro asunto polémico de este artículo es cuando hablan sobre la especificidad de la psicología social, asunto que ha sido causa de guerra civil entre psicólogos, sociólogos contra psicólogos sociales, y, aun entre psicologos sociales de tradición americana contra europea, y es polémico, pues el análisis del discurso pertenece a la esfera de las ciencias del lenguaje, y no podemos notar a simple vista qué la hace ser psicología social y no meramente análisis del discurso. Ante esto cabe preguntar ¿La psicología social es una institución científica claramente delimitada en sus funciones, objetos de estudios, métodos y técnicas de investigación? Esperamos una respuesta a nuestras dudas.


JAHODA, G.(1988) Critical notes and reflections on social representations. European Journal of Social Psychology. 18. 195-209.

Psic. Soc. Revista Internacional de Psicología Social Vol. I, número 2

Presentación de Psic. Soc. Revista Internacional de Psicología Social, Volumen 1. Abraham Galarza Cid


Cuando comencé a leer la revista Psic. Soc me puse colorado, me dio susto y fascinación a la vez, luego vinieron los espasmos y me llene de extrañeza: era una especie de regreso a mi condición frenética de cuando era niño. En verdad la revista me encantó porque percibí en ella algo sensacional. Ahora veamos por qué.

Tomas Ibáñez se pregunta ¿Por qué investigan los psicólogos sociales? Yo no soy, oficialmente, un psicólogo social o un investigador. Esto, claro, es una categoría de clasificación burocrática de las personas que trabajan en una universidad, que no siempre refleja una situación concreta. No obstante, voy a intentar dar una respuesta a esta pregunta de Ibáñez, porque creo que es la esencia de la revista Psic Soc. y voy a dar un intento de respuesta a partir de lo expuesto en el ensayo de Pablo Fernández Christlieb, Psicología Colectiva de las cosas y otros objetos

En su ensayo, Fernández Christlieb señala que su objetivo es demostrar que la percepción y la cultura son:
1) construcciones históricas culturales
2) Que existe una correspondencia entre la manufacturación humana de objetos físicos y conceptuales y la aparición de distintos sentidos de la percepción
3) Dentro de la cultura se da otro modo de aprehensión o experienciación de la realidad que no es perceptual ni sensitivo.

Fernández Chistlieb propone que la Frénesis (Phrenesis), es un todo de facultades afectivas, que producen fascinación, susto, espasmos y extrañeza, que era la forma más común de estar en el mundo al inicio de la Era Medieval, un mundo en el cual no había muchos objetos: por ejemplo, había un solo color, el rojo; éste era un color en el sentido en que los entendemos hoy, un objeto-cromático diferenciable y separable de las otras cosas del mundo; como objeto, rompe el flujo del aparecer del mundo. Objeto es lo que se opone, es decir, se pone frente a nosotros como ajeno, separado. En el universo de la frénesis las cosas eran alcanzadas, pensadas, percibidas, sentidas en una totalidad de pensamiento y emoción.

Así, el rojo-objeto, que podía fabricarse a partir de manipular plantas y animales, se incrusta en los escasos y sagrados objetos de la alta edad media, en las ropas de los purpurados cardenales (púrpura era un rojo intenso y saturado, y el cardenal es un ave roja; la ropa se teñía, es decir, “se pintaba de rojo”, en el significado inicial de esta palabra); Así, llenarse de color era ponerse colorado (como aun decimos en castellano) Y no es que el mundo se contemplara en blanco y negro, simplemente las otras cualidades que adornaban el mundo no eran colores-objeto, separables de las cosas, de esta manera el verde del bosque era inconcebible en forma separada y reificada.

Las cosas de la alta edad media eran subjetivas: los muebles, las herramientas, las plantas y animales podían hacer lo mismo que las personas, y las personas, podían conducirse como las cosas, por eso se podía conversar con los animales, convertirse en animal, o leer el destino humano en la palma de la mano, dictado desde el mismo cielo. Todo era mágico, todo era posible, pues todo era sagrado y extraordinario. No había principio de no-contradicción, no había experiencia analítica y abstracta, o relaciones de causa y efecto. No hay sujeto opuesto a un mundo de objetos. Parafraseando a Jean Poirier lo resumiremos así: las sociedades tradicionales no reificaron su experiencia del mundo.

El mueble emblemático de la Alta Edad Media era el cofre o baúl, un espacio en que hay lugar para un todo sin distinciones o jerarquías conceptuales, pues el mundo es una unidad. El mundo de Europa hoy es considerado como la herencia grecorromana. Es decir, una tradición de cultura y política racional. Pero Fernadez Christlieb nos recuerda que Europa era también el mundo de los celtas, que son algo así como la cultura emblemática del mundo de la frenesís, cuyos últimos representantes son las brujas quemadas en las hogueras cristianas y racionales del siglo XIV. Después de la lectura de este ensayo, pienso que aun tenemos una variedad de instituciones que someten a aquellos que abiertamente están en el mundo de la frenesís: desde hospitales psiquiátricos, hasta filosofías de la ciencia y metodologías científicas que combaten al mito y el sentido común, pasando por instituciones jurídicas que niegan del derecho a existir a las sociedades tradicionales o frenéticas, como las indígenas. Nuestra civilización descansa en la quema de brujas.

El tiempo corre, viene el progreso que se puede medir en términos de mayores cosas manufacturadas y más objetos que se oponen y desligan del flujo del mundo: los pulidores de lentes, desde el siglo XI dan lugar a la aparición de cosas lejanas e inaccesibles a las manos, pero percibidas por la vista: los planetas, posteriormente los microbios, y hoy en día, sus descendientes modernos, perciben los átomos y la antimateria o las partículas cuánticas o los hoyos negros. Ya para entonces hay dos palabras en castellano con el mismo significado: percipere y sentire, es decir, la acción de percibir por los sentidos o percibir como sentir.

Llega el siglo XVII con la definitiva separación entre percibir y sentir, que pasan de ser unas actividades de las personas, a unos objetos del mundo a partir de un giro en el lenguaje, que los hace, de los verbos sentir y percibir, a los sustantivos: sensación y percepción, con lo cual, se reifican, debiendo encontrar su lugar en la realidad por medio de una clasificación científica.

Esta época tiene por mueble emblemático la cómoda, una cajonera, que no es más que un dispositivo de clasificación de enseres domésticos, pues bien, La Ilustración es una taller de cómodas que ponen en lugares especiales los distintos objetos que va creando con su propia clasificación, Linneo construye una cajonera para aves, animales, plantas, y hasta olores. Mientras que el cajón de la psicología acomoda la emoción y la voluntad. Por su parte, la física es la que dicta la forma de poner orden en la casa, dando lugar a la tradición de acomodar el orden acorde a la realidad física. Los objetos se han multiplicado a miles en el mundo.

Finalmente, el siglo XX, satura al mundo de objetos, con la parición de objetos que no se ven, ni se oyen, o huelen, son los objetos informacionales, los datos lógicamente acomodados y clasificados y enlazados a partir de complicadas redes de reglas de lógica y sintaxis. Hay un órgano receptor de la información, la cognición y un mueble emblemático de esta cognición: la computadora, que no es más que un cofre en el que cabe todo el mundo, con sus cajoneras y vitrinas de clasificación de objetos virtuales, como los 60 mil colores que no se ven, ni tocan, pero, como dice Fernández Christlieb, existen porque sabemos de ese dato.

Finalmente, nos señala, que la Frénesis no se ha extinguido en la vida cotidiana, está presente en la conversación, en la investigación de algunas figuras excepcionales como Wundt cuando hace su Psicología de los Pueblos o Bergson cuando habla de la dimensión del tiempo, figuras intelectuales a las que yo añadiría a Heidegger, Merleau-Ponty, Maturana, Bateson, Kent Wilbert, etcétera.

Ahora bien, ¿Por qué los psicólogos sociales hacen investigación? ¿Porque navegan hacia el placer?, Así es, y es que este viaje los pone frenéticos. Veamos:

Las teorías, de cualquier índole, se conciben, en primera instancia, como entidades abstractas, que representan aspectos cuantificables del mundo, dando lugar a una interpretación objetiva de éste. No obstante, aquí consideramos que todo lo que decimos, gracias a la Frenesís, lleva la marca de nuestra vida cotidiana, incluida la ciencia. De esta manera, nuestras descripciones científicas copulan, nacen, comen, crecen, se ven amenazadas, o amenazan, pelean, juegan, se enojan... y mueren. Existen demonios que atrapan moléculas lentas que pasan del calor al frío, como el demonio de Maxwell; se habla de átomos, millones de veces más diminutos que pulgarcito, pero que se mantienen unidos por la fuerza de millones de Hércules y Sansones a los que llamamos energía nuclear; Hoyos negros gravitacionales que podrían tragarse al universo entero, como en las novelas de H. P. Lovecrat; En otros casos, los objetos científicos tienen características humanas o animales: Por ejemplo, Los números se “multiplican”, las palabras, tienen género masculino o femenino, las ideologías “mueren”, las economías “sanas” “crecen”; los estudios sociales señalan que los medios de comunicación y publicistas “seducen” a su público, con su “carisma” etc.

Los científicos gustan de expresarse en un lenguaje no apto para no iniciados, no obstante, los que no sabemos de ciencia, consideramos que el mundo abstracto se deriva del mundo de la experiencia humana cotidiana El lenguaje científico se llena de sentido, antropomorfizando y animalizando a todas nuestras percepciones y sensaciones, tanto físicas e imaginarias, científicas o del sentido común haciendo posibles los discursos míticos, religiosos, políticos y, aun los científicos. El mundo de descripciones científicas sólo es posible por estar imbuido en un mundo de frenesís, pero al cual no se le quiere hacer su justo reconocimiento. Los investigadores investigan porque ese espacio es un reducto clandestino de la frenesís, en el cual pueden rememorar sus días en que, un objeto inanimado, digamos un juguete manufacturado industrialmente, se llenaba de vida gracias a su sentido común. Pero no se lo digamos a los burócratas que quieren hacer de este mundo algo objetivo y serio.
.
Tlaxcala, Tlaxcala, 10 de Septiembre de 2002


Psic. Soc. Revista Internacional de Psicología Social, Volumen número 1, Julio-diciembre 2002
La reseña en la revista Entornos (número completo):

reseña del libro: Libertad, propiedad privada y trabajo en México, México de GÓNGORA ORTEGA, Santiago

Presentación del libro: GÓNGORA ORTEGA, Santiago (2003) Libertad, propiedad privada y trabajo en México, México: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Abraham Galarza Cid

El libro de Santiago Góngora nos propone un interesante reto a los universitarios, luego diré por qué. Nos habla de teoría económica desde categorías que no parecen ser las habituales para los trabajo de esta índole. Algunas de éstas pueden resultarnos hasta familiares a nosotros lo que trabajamos en el campo de la psicología social como docentes, investigadores o alumnos; por ejemplo, afectividad, comunidad, mentalidades, etcétera, que al ser aplicadas en el marco de la economía, producen efectos interesantísimos. Otro tanto ocurre por abandonar una perspectiva epistemológica universalizante que a partir del la a-crítica recepción de una teoría, homogeneiza toda diferencia concreta de cultura, historia y especificidad contextual en la que habitamos los seres humanos.

La tesis desarrollada en el libro es simple, pero no por eso menos escandalosa: los mexicanos no somos ni occidentales, ni modernos, y de ahí el fracaso de los intentos por ajustarnos a modelos de desarrollo económicos y políticos generados en y para otras realidades. Ejemplos de estos fracasos son la incorporación de México a la actual economía de mercado o los aislados y casi inexistentes esfuerzos por implantar una dictadura del proletariado en nuestro país. Las categorías de propiedad privada, libertad, trabajo, individuo, o lucro, entre otras, se suponen que son características universales de los seres humanos que los impulsan a la generación de riquezas por su participación en el mercado, dando por resultado sociedades modernas, prosperas y eficientes, con instituciones políticas modernas e igualitarias que, desde la sociedad civil, limitan y minimizan las arbitrariedades de la burocracia estatal, tales categorías, nos propone el autor, no se aplican a nuestra realidad nacional

El fracaso de este sistema de categorías para explicar y transformar, de forma progresista nuestra realidad mexicana, se debe a que las teorías no son definidas, tan sólo, por criterios lógicos o matemáticos, sino, sobre todo, por la participación en un mundo de vida de historias concretas y singulares de ciertos pueblos, historias que no están exentas de dramatismo y emoción humana.

Una categoría de análisis de la realidad social es una síntesis de historia y de una forma cultural muy singular de experienciar el mundo. Una gran parte de Europa ha vivido, a través de cientos de generaciones de seres humanos, con la idea de que Dios les ha dado responsabilidad de su destino, de que no hay mayor juez que su propia conciencia, que el bien se puede manifestar de forma concreta por medio de los frutos de su trabajo, y que no hay peor error que anteponer los intereses de los otros por encima de los intereses individuales. Tal es el mundo de experiencia de, por ejemplo, un fabricante inglés de telas o un diseñador de software en Los Ángeles California, pues recordemos que la América blanca y limpia es la continuación de Europa.

Un supuesto epistemológico que recorre la estructura de este libro es que no vemos con los ojos, vemos con la cultura. Los instrumentos científicos no nos hacen ver a la realidad tal cual es, desnuda, sino que siempre la vestimos con nuestras categorías sociales y significados colectivos.

La cultura mexicana, aquella que nos abre el horizonte de un mundo y construye sus propias realidades cotidianas, no tiene categorías de análisis científico propias, desarrolladas por intelectuales autóctonos, capaces de expresar su conflictiva y dramática historia económica y política, dando lugar, además de errores de perspectiva teórica-académica, lo cual sería lo de menos, a una estrategia de desarrollo modernizador, venida de fuera que, actuando como Procusto, el personaje de la mitología griega, dueño de una posada que tenía una sola cama, estiraba a los que dormían en ésta o les cortaba las piernas para adaptarlos a su tamaño. Actuando de la misma forma, los intelectuales y políticos liberales mexicanos consideran que si los ricos y ociosos criollos mexicanos, la gente bonita, se estiran un poquito más, se convierten en burgueses con ética del trabajo calvinista, para eso hay que mandarlos, por lo menos al Tec de Monterrey para que acaben en la dirección correcta, mientras que los indígenas, campesinos y mestizos pobres, junto con sus centenarias formas de vida colectiva, así como las categorías de su sentido común, que guía sus acciones, valores y emociones, debe ser cortado de tajo, pues no tienen lugar en la posada de la modernidad.

Ahora me queda por explicar la razón de que el libro sea un reto, y lo es porque esta obra es una cubetada de agua fría para los pocos mexicanos que vivimos de la universidad o a costa de la universidad pública. La universidad pública es, por un lado, parte del proyecto de la ilustración burguesa europea, en el sentido de un conocimiento que tiene por objetivo domar la brutalidad de la naturaleza hacia las personas y la brutalidad de la naturaleza humana contra los seres humanos mismos. No obstante las universidades públicas mexicanas no acaban de modernizarse, por un lado, porque nos dedicamos a la transferencia de teorías diseñadas en y para otras circunstancias, y por otro lado, porque algunas de las encarnaciones del poder de la tradición mexicana más autoritaria, los cacicazgos por ejemplo, han sentado sus dominios en ellas. El reto es para nosotros, como una comunidad dedicada a la psicología social, generar categorías de análisis singulares para una realidad singular como la nuestra, especialmente categorías orientadas a descifrar el sentido común de la vida cotidiana de los mexicanos y el peso de éste en la configuración de la vida pública y económica. No obstante las circunstancias negativas de las universidades mexicanas, el libro de Santiago Góngora Ortega es un paso adelante en esa lucha que tenemos por descifrar nuestra propia realidad. No me queda más que agradecer al autor por su firme convicción de investigador original apasionado, no sólo por su trabajo, sino también por la pasión que tiene por un país que aun vale la pena.

Tlaxcala, Tlaxcala a 10 de marzo de 2004






Reseña: La representación social del trabajo doméstico. Un problema en la construcción de la identidad de LEÓN ZERMEÑO, María de Jesús

Presentación del libro: LEÓN ZERMEÑO, María de Jesús (2003) La representación social del trabajo doméstico. Un problema en la construcción de la identidad femenina, México: BUAP
Abraham Galarza Cid


El trabajo de la Doctora María de Jesús demuestra con claridad la forma en que se articulan la historia y estructuras sociales, con las historias y la subjetividad de personas concretas.

Las teorías sociales buscan dar cuenta de cómo los aspectos macro sociales como la economía, el Estado y las instituciones en general, orientan el rumbo de las sociedades.

Por otra parte, la hermenéutica y el análisis del discurso de orientación pragmática, dan cuenta de cómo nuestra comprensión no está separada de nuestras historias, contextos y acciones; por último, la fenomenología de corte social y la teoría de las representaciones sociales, están interesadas en dar cuenta el cómo aparecen la diversidad de mundos de la vida cotidiana, a partir de que las interacciones de sus actores generan un mundo de categorías vivas que se ha dado en llamar las representaciones sociales. El terreno sobre el cual aterrizan estas especulaciones teóricas es en el estudio del sentido común, específicamente, el sentido común de una ciudad conservadora, católica y sometida, en las últimas décadas, a procesos de transformación que demandan la participación de actores que se transmutan.

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo de la Doctora María de Jesús, es su orientación metodológica cualitativa, que podemos calificar de interdisciplinaria, pues, aunque la teoría de las representaciones sociales tiene predominio en su investigación; su acercamiento plural puede dar cuenta, con mayor riqueza, de ese espacio concreto en el cual emerge nuestra subjetividad de mujeres y hombres, que ha dado en llamarse, por cuestiones de análisis social, teoría del género, cuyo principal aporte es, consideramos, revelarnos el carácter construido de la forma en que experienciamos nuestra condición de mujeres y hombres.

La hipótesis de su trabajo es que la forma en que las personas se relacionan con el trabajo domestico, es la clave de la construcción de una identidad de género. Esta hipótesis empieza a buscar confirmación en las estructuras macro sociales de la ciudad, es decir, la historia, instituciones y economía de la vieja y la moderna Puebla, y cómo éstas orientan el rumbo de esta sociedad, al mismo tiempo que generan las condiciones en que las personas concretas, a partir de sus practicas e interacciones cotidianas, tanto en el ámbito público como en el privado, generan su identidad.

Así, las instituciones de la cuidad criolla, fundada con el fin de controlar las poblaciones cercanas a la ciudad de México, enfatizan, en sus discursos altamente coercitivos, la idea de la natural disposición de las mujeres para subordinarse, en todas las dimensiones, al poder masculino; Un mundo de prácticas e interacciones se guían bajo este campo de significaciones: la propiedad, el matrimonio, los usos y costumbres; especialmente en la asignación de tareas, que se consideran, las propias de las mujeres y los hombres, habitantes de esta ciudad. Abuelas y madres, especialmente, viven resignadamente esta condición en su estatus y jerarquía subordinada, en diversas dimensiones de su vida: en el trabajo duro, pero nunca reconocido, en la nula oportunidad de acceso a la educación formal, en el desprecio de su propia sexualidad, o en lo insignificante de su punto de vista, etcétera.

La generación de las hijas se distinguirán por el alejamiento, en algunos casos, ruptura en otros, con este prototipo de mujer, a partir de los cambios estructurales a nivel macro, que repercuten en lo micro, instalando las condiciones para profundas transformaciones en el núcleo de la identidad femenina, transformación que es realizada a partir de las acciones de personas concretas, sus decisiones y acciones en un nuevo escenario que llevan a la mujer poblana contemporánea a la dimensión pública, a partir de su participación en un trabajo remunerado, la oportunidad de recibir una educación formal y el derecho a ser escuchadas y tomadas en cuenta, escenario en el cual las mujeres ponen entre paréntesis la condición natural de su subordinación, en algunos aspectos de su vida, emociones y acciones.

En el aspecto metodológico, cabe señalar, el fino acabado de sus preguntas, en las que se pasa, de una forma sutil, de la teoría a las expresiones de sentido común, permitiendo comunicar la riqueza del significado de éste último.

No quisiera terminar mi intervención sin señalar que María de Jesús ha logrado descifrar, con su libro, una parte de la biografía de muchos de nosotros, pues al ver los relatos de tantas mujeres poblanas, en los que expresaban sus pensamientos, emociones y esperanzas, veía pasar a mis amigas, hermanas, tías, vecinas, conocidas, incluso a mi madre, ante lo cual volvía a uno de mis temas recurrentes: el carácter histórico, colectivo, fáctico y finito de nuestras experiencias, emociones y acciones, y por otra parte, me hace pensar que la investigación social es una ámbito inédito de experiencia y libertad abierto tanto a mujeres como hombres. Muchas gracias

Tlaxcala, Tlaxcala a 15 de Octubre de 2003