Para
mí, el mundo es pobreza:
el calor del día que me asfixia,
tiritar de frío en las noches.
Son
sus nubes grises
que no son agua,
están hechas de polvo:
de mi casa,
de mi escuela,
de mis amigos
y mi amada familia.
El
mundo son ríos
con un cauce sin agua.
El
mundo es el cielo
con dragones
que me escupen fuego.
El
mundo es mi cuerpo,
mis entrañas gruñendo,
suplicando un poco de comida.
Son
mis lágrimas,
que ya se acabaron;
dejaron secos mis ojos,
con ganas de cerrarse.
Son
mis piernas
y mis pies heridos,
que corren inútilmente,
sin descanso,
hacia el espejismo de un refugio.
El
mundo son las personas:
unas nacen para ser pisoteadas,
desintegradas en un segundo,
sin tiempo para despedirse;
otras que gritan y humillan,
de su boca solo sale vómito de odio.
Pero se imaginan que son sagradas.
Estoy
cansada de…
los ángeles de Dios,
que me atormentan
por pecados
que nunca he cometido.
Estoy
cansada de Dios,
que creó el mundo
y le dio la espalda.
No
tengo ganas de estar en el mundo,
quiero descansar del mundo.
No puedo descansar en Dios.
Yo solo hago lo mismo
que me hicieron Dios y el mundo:
les doy la espalda.
Quiero
descansar del mundo.
El mensaje de una niña palestina que afirma estar cansada del mundo
Abraham
Galarza Cid

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